Lo que no repara la Pega loca

Sigo sacando cosas del baúl, allí donde están los pedacitos de mi rota a ver si está la posibilidad de armarme diferente. Quiero saber, al menos, si vinieron rotos de origen, cómo se hicieron pedazos y distinguir cuáles son reciclables para armar algo nuevo. 

Cuando éramos chiquitas, mi hermana y yo teníamos el hábito de limpiar la casa incorporado por mamá como una rutina sabatina. Crecimos en un espacio con muchos adornos por lo que no era de extrañar que a nuestras manos pequeñas se les resbalaran algunos: piezas de Lladró y cerámica que, aunque éste último en costo monetario fuera menor que la porcelana, en emoción valía más porque mi mamá era artesana y esa cerámica era cocida en casa luego de ser modelada y finalmente, pintada por ella. Nos enseñó cómo limpiar y a memorizar visualmente donde iba cada cosa para que luego de retirarla y limpiar el espacio, colocaramos todo de nuevo en su sitio. Mi casa era un museo de cuanto adornito representaba un check point de algun viaje, una fiesta o del arte de mamá. Hubo adornos que sobrevivían la caída de nuestras manos en las jornadas de limpieza pero los que no, los remendábamos con Gotita -lo que en Venezuela le llamamos Pega loca-. Otros, simplemente no tenían salvación. Los remendados se nos volvían a caer de las manos en más de una ocasión y bueno, le pegábamos el pedazo que se había quebrado para que no fuera tan elevada la merma de ese sábado. Era una prueba a la quietud esa casa con 4 niños que no podían correr dentro porque podían romper algo. Lo que ya estaba quebraíto a más no poder lo limpiábamos sin moverlo pero si no daba para más, con un simple toque nuestro se nos quebraba en la mano. Capaz debimos buscar una gotita más resistente. Pero esa era otra, eran piezas finas, delicadas, frágiles en algunos casos, y debiamos ser sutiles en su reconstrucción. Nosotros nos mudamos en varias ocasiones y la primera vez que nos movimos de esa casa museo inicial a otra, en el camino se terminaron de romper los remiendos y otros adornos que, por falta de cuidado en el traslado no resistieron los embates del camión de mudanza cuyos trabajadores hicieron caso omiso al escrito "Frágil".

Hoy vino a mi mente este recuerdo para comparar esos sábados de limpieza en casa con mi ciclo menstrual en el que ahora me encuentro premenstual con síntomas. Puedo decir que es el momento del mes en el que acomodo todo, en el que abro el baúl y veo las piezas rotas. Luego de esta mudanza de país y estando aquí, de casa en casa veo que algunos adornos no resistieron los embates y se quebraron, quizás ya estaban de a toque por limpiezas anteriores. Al desempacar, doy con cosas que creí tenían un sitio pero, ¡ey, estoy en un lugar nuevo! No hay un sitio donde deberían estar. Otras piezas que he encontrado, con un simple roce se terminan de quebrar porque ya han sido remendadas muchas veces. 

Se sabe como adornos mis emociones y recuerdos pero la diferencia entre aquella limpieza de sábados y ésta de mi cuerpo es que la primera me la enseñaron como un hábito que respondía a la forma del otro de hacer las cosas. Ésta vez, por ser mi casa, mi cuerpo, recién me doy cuenta de que puedo mover las cosas de lugar a donde quiera, las veces que quiera y que si rompen, no hay alguien a quien fingirle que no está así. Si deseo repararlo, lo haré. Si lo quiero transformarlo en algo nuevo también depende de mi. Ponerme en las manos de otro en este momento sabiéndome frágil y vulnerable no es buena idea pues a veces con el cartelito no basta. Al otro hay que enseñarle y aún así, se le puede ir de las manos sin querer. Creo que ante lo impredescibles estaría bueno buscarme una gotita más resistente si surge la circunstancia de reparar algo. Tener a tiro la cajita de herramientas dotada si hace falta algo más que pega loca. Capaz un poco de yeso, arcilla o engrudo especial para colocar alrededor de lo roto y hacerlo más fuerte. Todo eso tendrá su tiempo y lo evaluaré luego de levantarme del suelo, ver mi estado, los pedazos y decidir qué hacer con eso específico porque hay que continuar limpiando y toca hacerlo a profundidad una vez al mes. a mi ritmo.

Párate y repárate, a tu ritmo. 


Nota: Esta es una declaración responsable de las piezas que rompí en casa y lo siento. Agradezco mi desapego millennial de que puedo viajar con una maleta y un bolso y vivir en una casa donde haya colchón, cocina, nevera, agua y WiFi. Amén. 



"Si no se levantan no va a salir bien esto"

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