| Escultura en piedra arenisca perteneciente al artista argentino Gonzalo Pondal Leguizamón (1890-1944). |
Es de tarde pero aún la luz me la da el cielo. A falta de audífonos, el sonido ambiente viene de las aves que, también, me brindan la brisa de su vuelo sobre mi acompañadas del viento que sopla. Me permito sentir frío aunque no he estado bien de mis vías respiratorias recientemente. El espacio está dado para el encuentro mio con mis historias, las viejas y las que he de relatar, solo preciso grafito y papel.
Gente va y viene, estoy en el Jardín Botánico. Primera vez en año y dos meses que llevo en Buenos Aires que entro a este lugar. Pienso en por qué tendría que taparme del aire si es el mayor atractivo de esta ciudad, sus aires de cambio. Pero hay que estar en condiciones para encarar el cambio, eso también lo aprendes en Buenos Aires con sus estaciones que se renuevan cada tres meses, en teoría cada 21. Este año las condiciones climáticas cambiaron y la primavera comenzó el 23 de septiembre.
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El clima se proyecta no se predice. Nuevamente, es cuestión de las condiciones dadas a las que también nos sometemos nosotros. Que si llueve hay que salir vestido de un modo; que si la brisa es feroz ni con la sombrilla te salvas de la garúa. Brisa tal que a veces hace apuestas de vencidas entre mi caminar por una acera y su voluntad de que yo siga mi camino hasta que vence y yo debo cruzar para seguir por otra vía. Cambios, Buenos Aires está lleno de ellos.
Justamente, a algunos de nosotros, los pensantes, nos cuestan más los cambios. Esta ciudad tiene gente que te invita a cambiar con o sin ellos. Es algo nato que está en el aire. Es una invitación a su tierra para que la nutras y llenes de lo que sabes, de tu cultura y costumbres para seguir generando cambios. Entonces, comienzas a ser partícipe y te das cuenta de que es constante, orgánico, espontáneo y dinámico. Es tanto como tu quieras dar y el otro quiera recibir.
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Hace tiempo, deseaba un espacio para poder sentir paz en medio de la ciudad. En Caracas, lo tenía con PDVSA La Estancia. Era el espacio para el respiro necesario tras sus muros que lo separaban de la Avenida Francisco de Miranda en Altamira. Ya decía yo que, a pesar de sus plazas, Buenos Aires no me había mostrado un sitio para el despeje y heme aquí. Este es el lugar. Está en Palermo, en el perímetro de ocho manzanas delimitado por Avenida Santa Fe, República Árabe Siria, Avenida Las Heras y la Plaza Italia, como me dice mi amigo Wiki. Será un buen sitio para frecuentar mientras se gesta el cambio-adaptación-lo que ha de venir.
Pienso que cada quien hará su migración lo más adaptado a su querer y a su necesidad, en singular o plural. Quiero saber-reconocer las conexiones entre Buenos Aires y mi ciudad natal, estar consciente de por qué el salto migratorio fue para acá y seguir explorando. Me reseteo haciendo las condiciones para que venga el cambio. Es primavera, tiempo de florecer.
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