Sin querer, todas las canciones que suenen en este espacio
de tiempo serán nuestras hasta que lo olvide. Como los artistas vistos en vivo,
ellos serán tuyos y míos.
Hicimos espacio en la cotidianidad para permitirnos
celebrarnos, querernos y darnos amor sin que sea ajeno. Es nuestro, sí, pero se
consume como los suvenires que nos traen en los viajes: de a poquito porque se
acabará y con él, la alegría que alberga el empaque. Obsequios que vienen a
nosotros para almacenarlos como buenos recuerdos.
Eric Colón y Tom Waitz fue parte de lo que
te di. Muchas más las que me diste tú.
Y ahora, ¿qué se escucha? Son nuestros cuerpos hablándose,
cantándose. Recitando las melodías que inspira uno en el otro.
Esas también serán solo nuestras como los silencios. Porque
mientras me miras y te sigo en el acto nos decimos cosas, vainas.
Nos decimos que está bien. Sí, está bien. No importa lo que
digan otros mientras nos escuchemos, aún en los silencios, diciendo que todo
está bien.
Cada sonido de nosotros y de las canciones es parte de este
soundtrack que sigue sonando.
¡No le subamos volumen! ¡No programemos las canciones que se
escucharán más tarde! Que sea único y que dure como el suvenir. Que dure
mientras dure para que sea un buen recuerdo.
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