Escribir apuraíto y condensado,
sin puntos y aparte
como la respiración aguantada
antes de sumergirte.
El momento más frenético.
El momento más frenético.
Seguimos. En este acto, surgen las preocupaciones y las soluciones. Entramos en la nueva dinámica: la cotidianidad del otro. Entonces hay que coordinar cuándo vernos, cuándo hay tiempo para querernos. Viene de ti la primera preocupación, viene de mi la primera solución. Ya nos quiero juntos para celebrar esto que siento que hiciste que sintiera. Ya no es solo hacerme sentir amada, deseada en el momento de estar juntos; ahora, me convoca tu deseo. Me pide que me apersone, me pide querernos. Me pide abrir espacios para no dejar de vernos. Es la realización de lo que pensaba y no sabía cómo expresarte por no querer apurar la cosa. Te pienso, me piensas. No solo me convocas también me invocas. Abrimos chat y el otro ya había pensado hacerlo. Ahora hay resúmenes del día para el otro y próximos encuentros. ¿Qué ha cambiado? Ya comenzamos a extrañarnos. Hasta eso estamos practicando para que sea leve el momento cuando ni acomodando los horarios nos podamos ver. Seguimos, sí, por ahora.
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