Ya no se puede llorar por todo. La víspera de la nueva edad me lo ha restringido, creo. No puedo, no me sale. Lo supe al ver Logan y no llorar en la parte donde todos saben que es para hacerlo. ¿Será que estoy en Oh! Toño yo también? ¿Me climaticé a lo local? Adiós a las ondas tropicales que parecieran nos influenciaban a Oscar De León y a mi. Los astros y la señales cósmicas tampoco han hecho de las suyas para provocarlo. Yo lloré siempre y ahora parezco Paquita Gallegos. Yo lloré cuando cerraron RCTV. Yo lloré la semana pasada, el 8, pero ya allí supe que no lloraba como antes. No hubo sollozo ni asma. Solo lágrimas en silencio que sequé y duraron menos de 30 minutos sucesivos. ¡Ojo! Registro esto porque tengo ganas de llorar y no lloro. Es confuso. Es como cuando se te va un estornudo pero estando en el aguante perenne, en las ganas del achú que no se ejecuta. Es raro. Me da miedo que esto sea ser adulto. Yo que siempre busqué controlar lo incontenible de mis emociones parece que al fin lo he encontrado pero no me gusta. Soy humano y lo nuestro es estar inconforme cuando por fin encuentras lo que buscabas y no es como habías creído. Como la razón por la que quiero llorar y no lloro. Porque, ilusionada, quise algo que ya no será, al menos no como yo quería. Entonces viene la dualidad de que si lo que consigo no me conforma y lo que añoro no ocurre, ¿díganme dónde le escribo a Edward para que deje de echarle tijeras al libreto de mi vida? Me gustaría que las cosas se completaran como yo quisiera. La cosa pareciera que depende de mí hacer planes más reales. Pero realidad e ilusión, como leyeron más arriba que era mi impulso, no van de la mano. Ahora, peor, ya se redujo un 25% la pluviosidad de mi llanto por buscar argumentos lógicos en mi relato. ¡Ey! Falsa alarma. Él me volvió a escribir y ya volvieron. Por varios meses pensé que podía llevar una relación sin la presencia de Dramajo pero qué decirles si ella es parte del United State of Majo, el conglomerado de emociones que se expresan a través de mi y con quien él lidia todos los días. Parece que esta vez no hizo falta llorar para darme cuenta de algo, porque no fue, ya no pasó, no voy a llorar. Pero lo que sí paso es que me di cuenta de lo importante que es él y que no quiero que la realidad avasalle la ilusión. Escribo pensando en él y por primera vez, el primer bajón de esto no tuvo lágrimas. Pareciera, entonces, que sentir esto no debe ser tan malo, intuyo. Es desconocido pero no me angustia. Pensé que podían ser ganas de llorar, y puede que sí lo sean, pero es más confusión de no saber cómo reaccionar. No sabe él ni lo sé yo. ¿Será que esto es parte de ser adultos: tener que adaptarnos, contenernos de nosotros mismos y ser apacibles? Se siente raro. Creo que estoy experimentando lo que por años escuché y repetí: una tensa calma, osea, no son ganas de llorar pero parecen; quieres que te abrace solo esa persona para estar en calma y que tu pierna pare de temblar. Alguien toca a la puerta. ¿Eres tú, ansiedad? ¡Estrenando look en 2017, rolo de viva!
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