Cuando se retoma la escritura pública, el proceso previo para salir de la caverna es un acto de entereza. No es lo mismo escribir esas cápsulas de pensamientos célebres en Twitter ni los desahogos plausibles con los que colmamos Facebook que una extensión coherente de una reflexión como pretende este texto.
Para mi, escribir es un acto necesario que a través de mi formación académica y profesional le da sustento a mis distintas expresiones y roles. De hecho, puedo ejercer mi ciudadanía con ella para compartir cómo percibo al país y lo que hoy sucede en él.
En mi mente navega esta cuestión desde hace años: ¿la violencia en Venezuela afecta a todos por igual?
Asesinatos, robos a mano armada, secuestros, violaciones y circunstancias que estén en este marco de irrespeto y vejaciones al ser humano son nuestro pan de cada día; además de que ahora vivimos en la cresta de la ola de esta degeneración social porque también esos crímenes tomaron intenciones políticas.
Cada cierre de día se ha convertido en un gancho al hígado que se agudiza al ver los acontecimientos resumidos en el noticiero estelar. Cada minuto a lo largo del día surge una noticia que solapa a la anterior. El 19 de marzo de 2014 en Venezuela cerró con el fallecimiento de un hombre producto de un infarto fuera del destacamento de la Guardia Nacional en Cabimas, Zulia, mientras su hijo estaba detenido en esa sede y en una ciudad satélite de Caracas, un papá pedía a muchos que se compadecieran de su hijo golpeado ese día en la Facultad de Arquitectura de la Universidad Central de Venezuela. Dos escenarios de violencia reales y mi relación con ambos es el hecho de que compartimos ciudadanía y me conduelo.
Llegar al final de la jornada diaria ya no es garantía de descanso. Nos acostumbraron a que con la oscuridad de la noche, aumenta la indolencia entre toma de decisiones arbitrarias y el hampa desatada. Sucede que esas acciones de última hora no dan tiempo de ser incluidas en el rotativo del día siguiente y pues, suerte de aquel que le dio tiempo de incluirlo en el vespertino.
Entonces, en un país donde ocurren tantos sucesos sin discriminar horario y que por mal, se reducen los grados de separación con algún caído por la violencia me pregunto muchas cosas para ver si algún día doy con una respuesta que satisfaga su desaparición.
La duda seguirá, por ahora, así que llego la hora de volver a la burbuja.
Para mi, escribir es un acto necesario que a través de mi formación académica y profesional le da sustento a mis distintas expresiones y roles. De hecho, puedo ejercer mi ciudadanía con ella para compartir cómo percibo al país y lo que hoy sucede en él.
En mi mente navega esta cuestión desde hace años: ¿la violencia en Venezuela afecta a todos por igual?
Asesinatos, robos a mano armada, secuestros, violaciones y circunstancias que estén en este marco de irrespeto y vejaciones al ser humano son nuestro pan de cada día; además de que ahora vivimos en la cresta de la ola de esta degeneración social porque también esos crímenes tomaron intenciones políticas.
Cada cierre de día se ha convertido en un gancho al hígado que se agudiza al ver los acontecimientos resumidos en el noticiero estelar. Cada minuto a lo largo del día surge una noticia que solapa a la anterior. El 19 de marzo de 2014 en Venezuela cerró con el fallecimiento de un hombre producto de un infarto fuera del destacamento de la Guardia Nacional en Cabimas, Zulia, mientras su hijo estaba detenido en esa sede y en una ciudad satélite de Caracas, un papá pedía a muchos que se compadecieran de su hijo golpeado ese día en la Facultad de Arquitectura de la Universidad Central de Venezuela. Dos escenarios de violencia reales y mi relación con ambos es el hecho de que compartimos ciudadanía y me conduelo.
Llegar al final de la jornada diaria ya no es garantía de descanso. Nos acostumbraron a que con la oscuridad de la noche, aumenta la indolencia entre toma de decisiones arbitrarias y el hampa desatada. Sucede que esas acciones de última hora no dan tiempo de ser incluidas en el rotativo del día siguiente y pues, suerte de aquel que le dio tiempo de incluirlo en el vespertino.
Entonces, en un país donde ocurren tantos sucesos sin discriminar horario y que por mal, se reducen los grados de separación con algún caído por la violencia me pregunto muchas cosas para ver si algún día doy con una respuesta que satisfaga su desaparición.
La duda seguirá, por ahora, así que llego la hora de volver a la burbuja.
Comentarios
Publicar un comentario