Sobre “Shake it off”, el baile de Oscarcito y otros placeres culposos

Tener acceso a tanto contenido diario en internet sea porque ese es tu trabajo o porque eres procrastinador nato, (en mi caso, ambos aplica) hace que ciertas melodías de moda roten en tu cabeza sin cesar. Eso lo veía razonable hasta que un día, me di cuenta que estaba tarareando Shake It Off de Taylor Swift sin que sonara de fondo y mandé todo al demonio. Acepté que como humana, vivo de tentaciones y además, crecí en los 90, la fórmula para que el sentimiento pop sea permanente en mí.

Cuando asumí que “sí, chico, me gusta la cancioncita de Taylor Swift” fue el momento en el que salí del closet musical y dije: “¿Saben qué? También canto We are never ever getting back together!” y lo serio, es que digo la cantidad perfecta de nerver y ever durante el coro de la canción.

Sin embargo, hace unas semanas me di cuenta que debo deshacer la etiqueta de placer culposo para mis gustos pop. Han salido muchas versiones de Shake It Off, de las cuales me agradan todas, pero cuando la cantó Steve Carrel fue excelsior.



Dicho esto, es hora de confesar otros placeres culposos musicales para buscar mi redención.
El siguiente es One Direction. Pero me digo a mi misma que tengo cierta inmunidad sobre ese gusto porque Diego Arria me exculpó al tenerlo él también.
Si a ver vamos, él se siente influenciado por su hija y yo por mi sobrina. Uno debe estar en la onda de los chamos porque si no le pierdes la pista y ¡líbrame Dios!, quiero seguir siendo la tía Oscar (esto no es publicidad). Es evidente que Avril, mi sobrina, es una excusa para encontrarme con esta música pero que me la quede depende de mi. Si no estuviera cantando los éxitos de Martina Stoessel, su nueva ídola, y eso está muy lejos.

De 1D, solo canto Story of my life pero lo hago seriamente: A todo gañote y cerrando los ojos, como se debe cantar todo placer culposo. Ayer, encontré la versión que hizo Postmodern Jukebox de esta canción y pensé que, seguramente, el arreglista hizo de las suyas para exculparse de que tampoco dejaba de tararear a One Direction.



En castellano, tengo más canciones para aportar a esta lista pero no cuentan con versiones que las hagan sonar cool, son y ya. La más reciente, la canto, la pido en una reunión con amigos y la bailo con las manos en alto de lado a lado como lo hace su intérprete. A esta sí la considero el placer más culposo que he tenido en meses desde que confesé que me gustaba aquel ministro, confesión que saben mis más cercanos pero no he de publicar.

Hablo de "Tumbaye" de Oscarcito. Cuando suena armo la revolución e invito a todos a que repitan el paso; además de que mi amiga Andrea Valentina y yo hemos sido las mayores promotoras del video para que sea visto hasta por nuestras familias. Entre tanto efecto especial, por favor, que haya un retorno de la inversión, manquesea.



Oscarcito es todo un ícono pop venezolano, eso no hay que negarlo. Desde que estaba en A.5 luego fue L' Squadron y cuando se divorció de Franco, fue todo un impacto farandulero en el país. Tenía una profesora en la Universidad que cuando no estudiábamos nos decía que "nos iba a caer el hacha". Entre eso, decirle a mis amigos más queridos que "lo nuestro es un amor urbano" y que "ponte los patines" se volviera una de mis frases más usadas merece que Oscarcito sienta que su mami y papi le enseñaron bien. ¡Ah! Y basta que suene su última canción con Víctor Manuelle para que yo empiece a mover los hombros y a bailar de pie en menos de un minuto de diferencia.

Creo que los placeres culposos son necesarios porque nos mantienen en contacto con los gustos mainstream, ¿ven que no soy tan hipster? Además que uno no puede negarse a estar libre de tener alguno. Cierro con este famoso y polémico tweet de Diego Arria en 2012 que marcó mi aceptación hacia los placeres culposos:

Comentarios