Mommy

Suelo extrañarte a diario, sin embargo, hay días que resultan permisivos para que mi dolor sea evidente. Para tal efecto, tu cumpleaños, navidad, mi cumpleaños y el día de las madres son algunas de estas fechas. Para la interpretación de algunos soy egoísta pues quiero que estés aquí porque me antojé de un abrazo tuyo.

No sé desde cuándo comencé a ser una antojada. Si no es algo nuevo ahora es más evidente, tanto que resulta el chiste común entre mis amigos. Si me analizo, descifro una insatisfacción latente, constante, pues como no te tengo a ti para abrazarme a diario, en consecuencia, me volví una antojada. Decir eso satisface a quien busca una explicación de mi comportamiento empleando palabras rimbombantes. A veces soy yo misma quien busca el motivo y muchas otras mi entorno. El hecho es que no estás y estoy en una de esas épocas del año que resulta obvio extrañarte, otra presunción social. Repito, como si no ocurriera siempre.

Te cuento que he hecho varios mantras para mover las fichas dentro de mí: para rehacerme, ordenarme, reinventarme. Uno de ellos es que el ser humano no deja de querer a otro. Lo que sucede es que cuando alguien nuevo llega, uno canaliza el amor que alimentaba el anterior a este naciente, así, el que ya no cuenta con el alimento se quedó querido hasta donde pudo. Pero eso no desaparece. Este mantra funciona para los nuevos amores pero contigo no va esto. Entonces inventé otro, y así otros más; cada uno da explicación a sucesos en mi vida para que no me canse y avance. Buscar alguno que descifre esta conexión que tuvimos ambas es no haber entendido que el amor, el sacrificio y tus abrazos se encargaron en momentos precisos de explicármelo todo.


Escribo esto antes de dormir con la esperanza, y necesidad, de que aparezcas en mi sueño, te vea y pueda decirte: Adivina qué necesito hoy. 

Comentarios