Cómo comer un perro correctamente sin tumbar la salsa en el intento

Llegar al tiempo de comer un perro caliente sin desperdiciar un pedazo de salsa, papitas y cebolla en el asfalto requirió una larga práctica de cata perrocalentera caraqueña. Recibes el perro de manos del cocinero veloz que atiende a tu solicitud “me da uno sin repollo, por favor” con una gran sonrisa devoradora y deseosa de adornar ese manjar callejero con las más destacadas salsas. La calidad de un perrero se mide por la cantidad de salsas que ofrezca.

La postura, elemento importante en la composición del cuadro cómo comer un perro correctamente sin tumbar la salsa en el intento. Primero, tome una acción inclinada hacia el manjar para evitar que éste impregne sus vestiduras. Todo esto sin olvidar la frase célebre “la comida se lleva la boca y no la boca a la comida”. Luego, acerque el perro en cuestión a su boca apretando sutilmente el pan de forma que pueda degustar por completo la combinación hecha.

Con la boca repleta de ese sabor que no tiene un perro servido en un centro comercial, algunos cierran los ojos para reservar ese momento consigo. Otros le dan su señal de aprobación al cocinero con una afirmación o un dedo pulgar en alto. Yo soy de las que hace sonidos con la boca cerrada en idioma masticable.

El segundo bocado es una reafirmación del placer y luego de ello, dependerá de la gula o el filo para pedir el siguiente.

¡Atrévase! Haga un recorrido por los emblemáticos puestos de venta de perros calientes en Caracas (La Candelaria, Los Chaguaramos, Caurimare, Altamira) y llegue con gusto y sin culpa a pedir un con todo en Plaza Venezuela.

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