La primera vez que tuve un trabajo en el que tenía que
marcar tarjeta, renuncié. Le dije a esa gente “No eres tú, soy yo” y fue en
serio. Además, este trabajo no tenía nada que ver con la profesión que ejerzo
actualmente así que los curé de arruinar todo su sistema con códigos que ¡uy
no! Que se lo quede otro.
El año pasado estuve en el trabajo más pintoresco que he tenido. El trabajo
más pintoresco que he tenido hasta ahora diría Homero. El primer día allí me
dieron mi enemiga a muerte: la tarjeta que marcaría mis entradas y salidas de
ese lugar. Ese día llegué a la casa y le dije a mi mamá “no creo que dure
mucho. Quieren saber cuándo salgo, entro y luego salgo y vuelvo a entrar”. En ese
tiempo estaba de moda la canción Prisionero de uno de mis grupos favoritos
de sifrirock caraqueño, Telegrama. Lo tomé como un himno. Entonces ¿Cómo iba a aguantar
yo en un lugar así? Señores, “puede que yo no tenga dinero pero nadie me dirá
prisionero”. Ser un prisionero, jamás. Jamás.
Mi mamá tuvo que lidiar 22 años de su vida con mis mañas
pero siempre me las secundaba. Me dijo que si no quería estar allí, me fuera. Aun
así, resistí y aprendí a vivir con mi enemiga dentro del monedero. Sí, en el
monedero, porque primero muerta que tener esa cuerdita con la tarjeta guindada en el cuello. Eso es de
empleado de P&G.
Salía para el kiosquito. A marcar tarjeta. Quería salir a
respirar el smog del Municipio Sucre. A marcar tarjeta. Sin olvidar marcarla al
volver porque si no, no había constancia de que yo hubiese estado allí –nótese la
exageración para que crean que trabajé en Alcatraz-.
Como entré allí, salí – pero esa historia es digna de otra
sentada frente a la PC-. Confesaré que sentí un poco de nostalgia al entregar a
mi enemiga. Seguro será reprogramada para chismear las entradas y salidas de
otro mortal.
Ahora, tengo otra. Ésta es más relajada. A veces pasa días
sin ser leída por alguno de estos sistemas de códigos que si yo manejara lo
arruinaría en cuestión de segundos. Esta nueva tarjeta es solo para abrir la
puerta. Es una llave. O por lo menos la llamo así para disimular que soy una
prisionera. Carita feliz.
Comentarios
Publicar un comentario